El tiempo

30 de Enero: Yura - La Joya

Cada domingo, al terminar la ruta, siempre decimos que la ruta estuvo buenaza, porque es lo que nos gusta, porque realmente lo disfrutamos, lo vivimos intensamente. Somos ciclistas de montaña.

Lamentablemente, hoy sólo salimos 11 ciclistas, un fuerte bajón del promedio de 30 ciclistas que normalmente salimos. El motivo? Seguro los 90 Km. que íbamos a hacer por terreno totalmente agreste, por donde no había caminos, ni de trocha. Probablemente también por la hora, 7 de la mañana y la mayoría prefirió quedarse a dormir en el abrigo de su cama.

Salimos 11 ciclistas, pero a medio camino se tuvieron que regresar Alonso y Héctor, pues tenían algunas cosas que hacer, así que continuamos 9 ciclojinetes en busca de nuestra aventura.

Hacía frío a esa hora de la mañana y mientras más nos acercábamos al pueblo de Ciudad de Dios, el frío se hacía algo más intenso, fundamentalmente por la humedad que nos rodeaba. Cuando salimos del centro de la ciudad, veíamos en el horizonte las nubes que cubrían los cerros y cuando estábamos en las inmediaciones, ya éramos parte de esa nubosidad.

Al margen del estado del tiempo, circulamos camino a Yura sin mayores contratiempos, viendo ya desde lejos, la nueva planta de la cementera. Un kilómetro antes del ingreso a Yura, tomamos los cerros de la izquierda y nos adentramos por esos cerros agrestes, y como decía, éramos parte de la neblina. El frío que sentíamos había disminuido ostensiblemente, a pesar de la nubosidad no sentíamos la humedad que momentos antes nos estuvo incomodando. El día lo sentíamos fresco, estaba fresco y esto permitía un mejor desenvolvimiento físico, pues la transpiración era ligera y no nos deshidratábamos.

Ir por aquellos primeros kilómetros despertaba fuertemente el deseo de deshacerte totalmente de los frenos, el terreno estaba duro y eso hacía que la bicicleta se afirmara al suelo y pudieras hacer las curvas sin complicaciones y subir las lomadas fácilmente; curvas cerradas que hacían derrapar la llanta trasera, te hacían exclamar: qué buena rutaaa ¡!!! Alan estaba a punto de explotar por la adrenalina, en realidad todos lo disfrutábamos hasta que…

Hasta que bajamos al lecho de una vieja torrentera, pues para salir de ella tuvimos que echar la bicicleta al hombro, nos cansó pero todo es parte de la aventura. El ir por las cumbres de los cerros es espectacular, las llantas de tu bicicleta dejan huellas en un terreno que nadie más ha tocado.

Luego para mi se vino lo peor, se rompió el desviador, por lo que la ayuda de Henry Villalta, colocamos la cadena directamente a los piñones, aunque no fue fácil. Ya no tenía opción de hacer cambios, pero ni modo. Perdimos mucho tiempo en esos meneteres y no sabíamos si continuar hacia La Joya o irnos a Uchumayo. Lo íbamos a decidir en el desvío. Y aunque puedan creer que exagero, si la rotura del desviador se producia en medio de una de las bajadas, hubiera podido sufrir un grave accidente, pues el  accesorio se trabó entre los rayos. Una vez más llego al convencimiento que Dios me protege.

El resto de la ruta la hice como pude. Me daba risa en los terrenos planos o bajadas porque pedaleaba como oso de circo y no avanzaba nada. Recién podía recuperar algo de terreno en las subidas, pero el ánimo lo teníamos todos muy alto. Pasamos por una cañada cuyas paredes eran de piedra rojo y el piso era como arena de playa, una cañada zigzageante y muy bonita. No nos costaba avanzar porque la arena estaba endurecida. Todo estaba ideal.

Poco antes de llegar al desvío de Uchumayo y La Joya, el hombre araña tuvo que cambiar cámara por una pinchadura. Aprovechamos para descansar unbuen rato y comer unos bocadillos, pues ya estábamos hambrientos. No teníamos mucha sed, pero fue un buen momento de descanso.

LLegamos al desvío donde teníamos que decidir si ir a La Joya o Uchumayo. Eran la 1.30 de la tarde, no hubo nada que decidir, casi instintivamente y sin parar, nos dirijimos a La Joya porque habíamos dicho que si habíamos salido con destino a La Joya, pues completaríamos la ruta aunque la lluvia nos amenazara.

Como siempre la bajada al Puente Quishuarani es para deleitarse, éste está refaccionado, pues han cambiado todas las maderas del piso. A unos 100 metros bajo el puente, veíamos el río o torrentera, muy bonito. Inmediatamente, sin descansar, continuamos camino para enfrentar esa subida que otras veces nos costaba tanto subir por su condición arenosa. Esta vez lo hicimos rápido porque el terreno estaba duro.

Ya en la Joya buscamos desesperadamente un lugar dónde comer. Para suerte nuestra, encontramos una pollada y no saabemos si era el hambare, pero la pollada estuvo buenaza; gaseosita para la sed y luegos nos fuimos al Terminal para tomar el ómnibus de regreso.

Ya en Arequipa la lluvia nos esperaba, llegamos a neustras casas empapados, pero recontra satisfechos por la aventura vivida.



















Muere araña de mela !!!!



















Mientras estábamos alrededor de una mesa comiendo nuestra pollada, un pequeño y simpático "perro peruano" se sentó a nuestro lado a brindarnos su compañia.


Henry, hay algo que nos puedas comentar?
Pues, comentarles a todos los que no pudieron ir, que la Ruta estuvo espectacular.
Seguramente mis palabras quedan cortas para describir la emocion de recorrer esta ruta, sin lugar a duda, pienso que hasta lo que va del año, es la mejor de todas.
Y es que, aunque siendo una ruta larga y algo exigente, el clima nublado con algo de neblina favoreció en gran medida su recorrido y lo convirtió en un paraje exótico.
El terreno, que normalmente deberia ser arena suelta, estuvo duro y dejaba correr la bicicleta, pudiendo alcanzar cierta velocidad para sentir la adrenalina y galopar en el desierto.
Hermoso paisaje desertico, mucha arena que daba ganas de recorrerla por donde sea, y así lo hicimos, solo seguimos a nuestra llanta delantera apuntándola hacia un puñado de árboles en el horizonte...

Walter, qué te pareció la ruta?
Fue una ruta muy variada.Tiene pista y la mayor parte, a campo traviesa.
Hubieron pinchazos, rotura de cadena y volada del desviador posterior de Jaime.
Pero así tuvo que seguir, dando muestras de su indesmayable pundonor, fuerza deportiva, resistencia física extrema y una total resignación al destino que en esta vez, le jugó una malísima pasada.
También hubieron cargadas de bicla, cruces de quebradas, pedaleo por las crestas de cerros y para llegar al desvío de la carretera a Quishuarani, seguir por una quebrada aluvial arenosa, fofa y serpenteante. Pero lo novedoso fue encontrar unas minas abandonadas a las que ingresamos y sentimos la presión de los mineros chilenos atrapados.
Quien más gozó con la ruta es nada menos que ALAN, aunque en ciertos momentos sintió la pegada.
Vito logró hacernos llegar al objetivo con míninas contramarchas. ¡Buena Vito...
En La Joya encontramos al Marciano (Luna) refrescándose antes de tiempo.
El clima ayudó mucho porque estaba agradable: nublado, fresco y con mínima llovizna.
Una muy buena ruta, que si la hacemos otra vez, ya sería sin titubeos.









Sufriendo la rotura del desviador








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