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15 de Mayo: Chiguata y anexos

El Narrador de Cuentos
No quería dejar de contarles la salida que hicimos a Chiguata y sus anexos.

Esta salida casi se frustra por el cumpleaños de William, a la que algunos prefirieron asistir con la ilusa esperanza de que el licor y la comida serían abundantes.

El caso es que muy pocos estuvimos en el punto de partida: EMPRESA AEROBUS CHIGUATA TRAVEL INTERCITY.

Abordamos la unidad con premura debido a que, de cuando acá, el chofer respetaba su turno de salida por que dizque, el controlador lo podría castigar. De nada valieron nuestros lastimeros pedidos de que esperaran a los compañeros que ya estaban por llegar. El hombre del volante, todo interpérrito, no dio su brazo a torcer y arrancó.

Una vez en Chiguata, esperamos a los demás. En el interín, una señora del lugar, nos animaba a visitar su picantería y a servirnos desde choclos sancochados con su respectivo queso, hecho con leche de vaca quinceañera, hasta el sabroso y no menos sustancioso adobo de chancho.


El único incauto fue Luchín Delgado, que se dejó convencer por la persistencia de la dama en mención. Después de deglutir el potaje, previos jalones de la presa, repase del hueso y prácticamente lavar el plato con el pan, Luchín se quedó perplejo por lo soso del combo. Así terminó el adobo, sin pena ni gloria.

Finalmente, después de tanta espera llegó el segundo grupo de cleteros, entre ellos ¿Quién? Yoyi .De los demás les cuento otro día.

Iniciamos la ruta hacia el anexo de Espíritu Santo. Me olvidaba contarles que se acoplaron al grupo dos chicos nuevos (creo que eran limeños) y que desde el saque ya estaban cansados por la altura).Así seguimos y llegamos al puente en donde, Lucho ,no sabía ,o no podía ,o no tenía con que amarrar su cortaviento, polera o camiseta. Una vez superado el impase, seguimos trepando.


El Misti tenía una vista hermosa porque estaba nevado, como en sus buenos tiempos. Lo teníamos como fondo para unas buenas fotos. Llegamos a un desvío desde el cual se apreciaba a lo lejos una carretera que se dirigía hacia Cachamarca y de aquí mismo, el otro ramal directo al pueblo. Pedro, siempre juguetòn ,quería gastarles una broma a los que estaban por llegar. Cual era su maquiavélico plan: hacerles creer que la ruta era esa que se veía a lo lejos. Pero no contaba con la astucia de Lucho, que no se comió el engaño y dejó tirando cintura al audaz timador.

Así llegamos a Cachamarca (algunos se preguntaban qué iríamos a hacer aquí). Descansamos y aventurábamos altitudes. unos más, otros menos y ninguno acertado. Empalmamos hacia Miraflores, que no está muy lejos, pero que es una buena bajada y de aquí llegamos a otro pueblecito llamado Arenales. En el camino se le cayó el “catey” al homínido (adivinen)Lo esperamos en una placita a que regrese y busque el aparato. Felizmente lo encontró.


Seguimos el viaje y a insistencia de un servidor, Pedro se dignó aceptar el ingreso a otro pueblito, que tenía una portada, una plaza, una pileta con sirena pétrea incluída e iglesia. Los portales daban un marco de postal al Misti.

Nos sacamos las fotos de rigor. Jesús no sé que trataba de hacer con la sirena, porque se quería subir sobre ella, so pretexto de tomarse una foto. Yoyi se ganaba con todo este pase.


Subimos al campanario de la iglesia, salvando el muro con mucho esfuerzo, para comprobar que la puerta estaba sin cerradura. Conversamos con un contemporáneo de Lucho y Pedro quien aducía tener 80 años.

Reemprendimos la ruta hacia Chiguata por una carretera tipo trocha carrosable, con tierra blanca y suelta que levantaba mucho polvo. A sí es que llegamos a un recodo y ¡oh sorpresa! encontramos a Berly en el camino (emulando a Juanca quien nos encontraba en el camino ¿se acuerdan?) Por una vía pedregosa, arribamos a Chiguata.


Pasamos a la segunda parte del protocolo bicicletero: la negras.

Mientras que los cohetes reventaban, los charros entonaban sus huapangos, la banda puebleril hacía lo propio y la procesión avanzaba llevando en hombros a San Isidro Labrador, patrono del pueblo; nosotros éramos atendidos por un mozo robusto, alegre, dicharachero, aseado, entrador, amén de otras bondades (se la creyeron, todo lo contrario) en un local más o menos presentable. Después de la remojada interna, unas habas verdes y el impajaritable pago, arrancamos hacia Arequipa.

Vinimos por el desvío de Miguel Grau como alma que lleva el diablo por la velocidad que le imprimimos a esta ruta y así llegamos a Arequipa. Este cuento ya se acabó.




 
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