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Semana Santa: Capachica - Lago Titicaca

El 21 de abril pasado, un pequeño grupo de ciclistas del Team Inter inició una travasísa desde Jualiaca. Esta es la crónica relatada por Walter Amésquita, el Narrador de Cuentos.

PRIMERA PARTE
Debido a que el servicio de internet me jugó una mala pasada, y por eso es que no me comunicaba con nadie ni menos enviaba fotos de las salidas, es que ahora que me lo han repuesto y reponteciado, me atrevo a contarles las aventuras del viaje a Capachica (lo hago además por el pedido expreso que me hace Roberto).
Como es de conocimiento de todos, este viaje lo ofreció Berly, con todas las condiciones que nos las iba diciendo tiempo atrás. El asunto es que todos sabían, todos estaban invitados y sólo unos cuantos aceptamos la oferta.
Cuestión aparte fue mi historia. Como nunca me fue piña. Ya se enterarán por qué.
LLego al terminal y me doy cuenta que no tenía la mochila. No estaba ninguno de los bicicleteros a quien dejarle la caja con mi bicicleta. La tuve que internar en equipaje y salir a buscar un taxi para regresar a mi casa. Antes llamé por fono y el servicio estaba restringido. No sé porque.
Consigo un taxi y por más que le pedía al chofer que volara, no lo hacía, mas bien díjome que bajara. No me quedó más que esperar su buena gana para llegar a mi casa. Toco la puerta, sale mi ñora y me dice que mis hijos habían llevado la mochila al terminal. Con las mismas regresé. Felizmente que la hora de salida del bus no fue cumplida y ya se habían pasado 20 minutos. Ahí me encontré con los demás aventureros y con mis hijos que recién estaban llegando.
Bueno todo arreglado y a abordar el bus.
El viaje fue tranquilo, seguro y descansado porque, la máquina era nueva, confortable y el firmamento estaba tachonado de estrellas de todos los tamaños e intensidades de luz.
Así es como llegamos a Juliaca a eso de las 3 a.m al terminal. Es un tremendo local mucho más grande que el de Arequipa. Nos servimos unos chocolates calientes y abordamos una Custer para que nos traslade a la casa de Berly. El y Juanca fueron montando.
LLegamos y ya los sobres estaban listos para dormir,: cuando no, Vitale cogió la cama, Pedro y yo suelazo y las dos gordas, a saber:Juanca y Jesús, se acomodaron en los sillones exigiendo terminar un anisado que se lo habían estado soplando en el trayecto.


Así nos acostamos y amanecimos. Aquí es donde conocimos a la fraternal y cariñosa familia de Berly. Nos dieron la bienvenida y nos hicieron sentir como en nuestra casa.
Empezamos a preparar las biclas para el viaje y mientras todos avanzaban, yo no podía poner el pedal porque el hilo estaba robado. Ahí es donde empieza mi vía crucis. Salí con Berly a buscar repuestos y preguntando llegamos a una calle por donde se extiende la línea férrea. Que tal desorden. Parecía un mercado persa.
Los repuestos que vendían era chanchos, pero aun así, pedía que le adaptaran un pedal a mi bici. Al final no se pudo y ya me resigné a hacer la ruta en una bici de paseo marca Panter(año 60 más o menos). Regresamos a la casa. Ya habían desayunado y me estaban esperando. Desayuné y Jesús hizo el milagro: enrroscó el pedal y ya, yo estaba apto para seguir.






SEGUNDA PARTE
Salimos de la casa de Berly a las 9.20 a.m y su papá era el guía. Manejaba la famosa Panter y pedaleaba tan o mejor que algunos. Fuimos por una pista muy transitada hasta llegar al desvío de Huancané. Aquí es donde empieza la trocha. Se divisaba al fondo unos cerros no muy altos a los que teníamos que llegar y remontarlos.
No sé como es que el freno delantero se me desarma y ya no pude seguir. El papá de Berly,q ue es muy curioso, trató de arreglarlo, pero con resultados negativos. Bueno, así seguí sin poder frenar. La ruta era plana (por eso es el altiplano) pero Vitale fue visitado por la pálida (léase soroche) y mientras se reponía, algunos de nosotros seguíamos hasta llegar un pequeño pueblo en el que descansamos y esperamos.
Aquí, ya el cansancio y la antigua bicla del papá de Berly le pasó la factura, lo dejamos pero él seguía en su empeño.
Nos reagrupamos y Juanca nos alcanza y nos pasa (estaba en una camioneta). Le dijimos que siga porque ya estaba por terminar la subida. Craso error de percepción. Ya no había subida y más bien empezaba la bajadota al pueblo de Pusi. Se la perdió porque llegó en la camioneta hasta el lugar. De aquí ya se veía el lago, la parte de Taraco.
Lo alcanzamos y él estaba "granpateando". Bueno se calmó y descansamos. Había un promontorio de rocas con una curiosa formación geológica que daba la impresión de ser "Jaba"(un personaje de la Guerra de estrellas).El local municipal muy elegante y fastuoso para el lugar. Bueno, son las gangas que da la mineria vía canon.
Reemprendimos el viaje y siempre a orillas del lago devorábamos las distancias hasta llegar a Escallani. Aquí es donde hicimos contacto con las claras y heladas aguas del Titicaca en una playa que la gen te la usa como embarcadero y lavadero de asientos de las combis. Nos tomamos algunas fotos y nos dirigimos al pueblo.
Descansamos, nos refrescamos con unas cuzqueñas ,hicimos uso de nuestro mal masticado quechua al tratar de comunicarnos con una tías del lugar, pero sólo conseguimos que se rieran de nuestro incipiente idioma nativo.
Adquirimos el material bélico para la noche y embarcamos en una combi a las gordas y al papá de Berly para que nos adelanten y lleguen a la casa.Ellos felices porque tenía material alcohólico. Los que nos quedamos: Pedro, Vitale, Berly y yo fuimos a un mirador que estaba en la cima de una pequeña colina. Desde ahí ya se miraba el lugar exacto de la casa de Berly. ¡Qué vista! Tanto para el lago como para el lugar al cual nos dirigíamos. Desde aquí, se divisaba la isla de Amantaní y al fondo unas cordilleras. Una de las cimas era ya de las cordilleras argentinas. El agua completamente azul hasta donde alcanzaba nuestra vista.
Reemprendimos el viaje y así es como llegamos al punto soñado. La gente de Berly estaban esperándonos en la carretera, para luego empezar una aventura hasta llegar a la casa. Si de bajada era bravo el camino, imagínense cómo sería la salida.
LLegamos, nos instalamos y de ahí a la playa. Berly se da el lujo de tener playa privada.
Nos esperaba un suculento, apetitoso, sano, deshidratado y energético almuerzo a orillas del lago: trucha al vapor, chuño blanco sancochado (tunta), caldo de Carachi, trucha frita y habas "watiadas" acompañadas de papas herbidas. Todo esto con vista exclusiva al azulino lago.
Las primas de Berly, que dicho sea de paso, estaban muy solícitas con los trajines de la cocina, se animaron a ingresar a las aguas, cual curvilíneas sirenas vestidas, y chapoteando nos animaban a ingresar. Quien cedió a sus encantos sirenescos fue Jesús, que simulando una morsa polar, ingresa al agua, para extender sus aletas y así llegar junto a las nereidas.
Se acabó el baño y descansamos. En una caminata que hicimos Pedro y yo, veo una liebre gigante que salió de unos matorrales y se fue saltando en unas tremendas patas traseras. A esta liebre la conocen con el nombre de Norma cuchi. Simplemente es una liebre salvaje cuyos ancestros se habían escapado de los corrales y ahora son salvajes.







TERCERA PARTE
Ya era de noche y todos sentados alrededor de un hoguera, empezamos a calentarnos porque el frío era penetrante. La familia de Berly amenizó la velada porque eran todos músicos: tocaban diestramente el acordeón, la guitarra y el saxofón. Acompañaban a esta filarmónica, las bien entrenadas voces "triple" de las primas de Berly y de su hermana.
Así fue pasando la velada hasta que empezamos a calentar salchichas al palo. Las salchichas no sólo se asaban con el calor del fuego, sino que también por lo "asadas" que estaban por todo los que se decían de ellas en todo picaresco.!Qué buen repertorio de las chicas ¡
La velada la terminaron Juanca y Jesús, las chicas y el papá de Berly hasta altas horas de la noche. Los tres Caballeros de la espuela dorada nos fuimos a dormir.
Yo me levanté muy temprano (porque no podía dormir aquí ni tampoco lo había hecho en Juliaca) y bajé a lavarme al lago. Que hermoso fue ver la aurora y la salida del sol. Me revitalicé con los matinales oros solares y cargué mis energías.
Los trasnochados noctámbulos, se levantaron, arreglamos las cosas y fuimos a desayunar. Aquí es donde se me pierden los guantes .
Bajamos a la playa para desayunar y ver un tallarín con atún, papas sancochadas, queso, habas "watiadas" en sus vainas y un mate de hierbas silvestres, fue algo increíble. No sólo por lo abundante, fresco y saludable de los productos, sino por lo oportuno del tallarín, que como todos sabemos, es necesario para hacer ruta larga.
Después de comer, sacarnos unas fotos ,agradecer a los anfitriones y despedirnos, iniciamos la salida hacia la carretera. Si no hubiera sido por el potente desayuno, no habríamos podido salir del lugar. Bueno lo hicimos y ahora si, ya estábamos en ruta hacia nuestro objetivo.
La carretera es plana y bien afirmada. Se veía toda la extensión acuosa en su magnificencia. Francamente si no supiera que estaba viendo el lago Titicaca, pensaría que estaba en la Riviera, Mónaco o tal vez, las playas del Mediterráneo o las de Grecia, por lo azul de sus aguas.
LLegamos a un pueblo en el que estaban acomodando los al tres para la Semana Santa. Seguimos la ruta y arribamos a un pueblo llamado San Cristóbal. El siguiente punto era una playa muy famosa de esta parte del lago, pero que lamentablemente no recuerdo su nombre. Pero lo interesante es que desde este punto se veía cerquita la isla de Amantani. Pudimos arribar a la playa esta y tratamos de seguir el viaje en bote para hacerlo más interesante; pero no habían botes.
Bueno retomamos la ruta y siguiendo una trocha que se hacía cada vez más subida llegamos a Capachica (1p.m. más o menos) El pueblo es típicamente altiplánico :rodeado de casi imperceptibles elevaciones, pobladas por el ichu y con un sol radiante. La gente es apacible y el negocio está a la vista. Recuperamos fuerzas con algunas frutas y especialmente con unos pescaditos chiquitos, fritos y muy sabrosos: los ispis.
Abandonamos el pueblo por una pequeña extensión de pista para luego entrar en una trocha no muy conservada que hacía trabajar al máximo a la suspensión. LLegamos un muelle de un lugar llamado Copani, que dicho sea de paso, en todo el "litoral" del lago hay muelles para los botes y pequeños yates, e hicimos contacto con nas lugareñas que estaban a bordo de su bote. Desde aquí se puede ver, en la orilla opuesta la ciudad de Puno, Chucuíto y Platería. Todas las paredes del malecón estaban adornadas don figuras en alto relieve de sapos, grullas, peces, aves acuáticas, etc.
El cansancio ya estaba haciendo presa de nuestras fuerzas además de que el punto de llegada se hacía cada vez más y más lejano. Así seguimos y llegamos a otro pueblo en el que se nos unió un chiquillo en su bicla y tras orientarnos respecto a la lejanía de Santa María de LLachón (que era nuestro destino) nos dejó. Francamente la ruta es espectacular por lo extensa, variada, distraída y por las diferentes comunidades por las que íbamos pasando, que estaban rodeadas por unos paisajes tan apasibles y sobre todo, auténticos y sanos.
Berly en toda la ruta estaba en contacto con el dueño del hotel al que teníamos que llegar. Así llegamos a un mirador desde el que ya se vislumbraba el lugar buscado. Seguimos y llegamos a LLachón y ahora sí, directo al punto sin más distracciones.























CUARTA PARTE
Ya cansados llegamos a Santa María de LLachón.El hotelero nos estaba esperando en una portada de piedra tradicional del lugar.Nos dio la bienvenida y nos instalamos. Una aseada y a almorzar. Francamente, tengo que ser lo más veraz posible en esta crónica: el almuerzo estuvo tela por la cantidad y especialmente por lo productos dizque naturales, energéticos, sanos y no muy pesados para las personas, que como nosotros estamos viajando. Lo bueno fue que desde este lugar, se veía a lo lejos la ciudad de Puno, Chucuíto y Platería, además de la tan mentada isla de Taquile. Se observaba en toda su grandeza el lago que sus azules aguas contrastaban con el celeste del cielo que como ya era tarde se iba incendiando con los chisporroteos de fuego del mortecino sol. Las aves trazaban sus arabescos vuelos acrobáticos en el aire .En lontananza, los barcos regresaban hacia Puno de la isla de Taquile llevando a los pasajeros .Los pescadores tendían sus redes para capturar durante la noche, a los ispis, que son una fuente de ingreso económico fundamental para ellos. La noche se hizo y a comer.
Nuevamente la cena tuvo las mismas características del almuerzo. En el comedor estaban unas turistas pero lo triste era que no había bebidas espirituosas como para poder entablar conversación con ellas. Así nos fuimos a dormir. Ahora sí que pude dormir .El lugar era abrigado, limpio y confortable.
Me levanté temprano y bajé a la playa y muelle del lugar para respirar el aire acuático .Me seguía Berly y más atrás Pedro. Fuimos por el litoral y nos sacamos unas fotos muy bonitas. Nos dirigimos hacia unos pescadores que estaban recolectando la pesca de la noche y vimos como se amontonaban estos pececitos pequeñitos en grandes cantidades. También vimos que estaban enganchadas en las redes, unas ranas Goliat (únicas en su género) a las que sin más miramiento de parte de los pescadores, las tiraban lejos y los pobres anuros sufrían para llegar al agua, por la arena, pero una vez que llegaban se internaban rápidamente en las profundidades. Claro que estas ranas estaban en la etapa infantil por el porte.
Nos alcanzaron Vitale y las gordas. Solicitamos dos botes para que nos regresaran, vía acuática, hacia el hotel. Remamos durante el trayecto pero casi mandamos a pique la embarcación por nuestro torpe remar. Verlo a Vitale en el otro bote nos parecía que estaba a punto de abordar el nuestro por que parecía un pirata por sus tremendos bigotazos y su colorida pañoleta. Lo que no le pudimos ver fue la espada y tampoco comprobar si tenía la pata de palo .Así llegamos al muelle y a tomar desayuno. El desayuno ya saben como habrá sido.
Nos alistamos y salimos a la carretera para abordar la combi. En ella también estaban las turistas entre ellas una española que lo traía a Vitale jalado de los pocos pelos que le quedan. En el trayecto ¡cuando no! Vitale dio la bienvenida y les habló sobre no sé que, los invitó a conocer que sé yo, los instó a que hablaran en su país de tampoco sé. Así llegamos a Capachica y al descender de la combi, muy solícito pidió a la turista española si le podría hacer el honor de quedar para siempre digitalizada en una foto para los anales de su historia personal. Ella ni corta ni perezosa aceptó al toque. Tomamos una combi y rumbo a Juliaca. Llegamos tranquilamente y aquí empezó el desorden: que uno no tenía efectivo y a buscar cajeros, al otro se le pincha la llanta y a buscar parchador, que compramos de una vez los pasajes y que no, primero almorzamos. El problema era el calor, el terrible tráfico desordenado y la incertidumbre de poder adquirir los pasajes, dado que era Sábado Santo. Llegamos al terminal y felizmente los pasajes sobraban. Dejamos las bicis listas para ser embarcadas sin ser embaladas por que las bodegas eran grandes.
Regresamos a la casa de Berly y la gente estaba con sus chelas .Ni modo .Nuevamente sale el verdadero combo: papas watiadas, queso, ocas y a petición de Pedro, el famoso "chacco"
Mientras nos arreglábamos, Juanca invita a una de las primas para que me enseñe a dar unos pasitos sobre una danza que ella le había enseñado Muy gustosa lo hizo y sentí la fuerza del folklore puneño en mi pecho, sentí el roce de la cultura quechua con la arequipeña en los pases que me hacía dar.
Llegó la hora de partir y con los parabienes de esta tan amable familia, las lágrimas ocultas de las primas de Berly por la partida de los dos chambelanes nocturnos, nos dirigimos al terminal.

Abordamos el bus y la historia ya es conocida. Llegamos muy bien con la bendición del Divino Hacedor. CHAU














ACLARACION
Sobre la cordillera que avistamos desde el mirador de Escallani, exactamente no sé si pertenece a la cordillera de Argentina. Lo dije contando con la docta palabra de Berly, quien por ser oriundo, supongo conoce bien su geografía.
Sobre la morsa humana (osea la mona hacendosa) ,cuando ingresó al elemento líquido ,provocó una oleada en las antes calmadas aguas ,lo que nos alertó a alejarnos de la playa por si ocurriera un tsunami.
Las gráciles señoritas acuáticas, estaban nadando en torno a un totoral que se mecía al vaivén de las olas. Ellas, llamábannos para que nos bañemos pero más pudo el pudor que la delicia de estar a su lado, y por ello no ingresamos.
Pero el pinípedo en mención, ya estaba, o nadando sobre su panza, o en estilo espalda o increiblemente, sobre sus cuartos traseros de pie, junto a la sirenas.
A partir de aquí, todo fue un inocente jugueteo teniendo como cómplice al agua, que a veces cubría presurosa las núbiles figuras femeninas pero, por desgracia no podía hacer lo mismo con la adiposa musculatura del otárido.
Vimos al héroe comer los verdes y acuosos retoños de la totora(que dicho sea de paso es un tipo de alimento natural que se consume en estas latitudes)hábilmente insinuado por la chicas. El frío ya se dejaba sentir, pero las niñas, normal, seguían chapoteando. Claro que al otro ser, la gruesa capa adiposa lo protegía del frío.
Así terminó el valiente remojón que se dio Jesús, muy felizmente acompañado.
La espera por ver a las sirenas fue ampliamente recompensada: esculturalmente mojaditas se acercaron a nuestro emplazamiento.
Bueno, bromas aparte, todo fue muy bonito y creo que, repetible al próximo año.



























































 
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