Vuelta a los pueblitos 2016

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Febrero 18 y 19: Pedregal-Quilca-Camaná

La ciudad de Arequipa, en donde radicamos, está creciendo a pasos acelerados y en forma muy desordenada. Ello ocasiona que el Team Inter, con una antigüedad de 27 años a la fecha, se vea obligado a buscar nuevas rutas porque las ya conocidas ahora son pista y casas. Creo que eso es natural.
En este afán, siempre estamos dispuestos a aventurarnos por caminos desconocidos o buscando el Google Earth alternativas que nos lleven a tal o cual destino.
Este sábado 18 y 19 de febrero, 5 intrépidos ciclistas integrantes del Team Inter, decidieron buscar una ruta que lleve desde el pueblo de El Pedregal, hacia la playa de Quilca y de aquí a Camaná. Pero no yendo por la pista de asfalto ya conocida, sino, cruzando el desierto, emulando a la competencia del Rally Dakar que hace poco vivimos en nuestro litoral.

Este es el simpático relato que hace nuestro compañero Walter Amésquita, conocido como Guau, de la aventura vivida en esta fecha:

DAKAR EN BICI
A veces las cosas o proyectos que se piensan mucho o que se planifican demasiado, simplemente no se efectivizan. La ruta a Quilca, desde los albores o inicios del club, yo la venía escuchando y no se hizo hasta ahora.

Fuimos cinco los aventureros que hicimos la ruta Pedregal-Quilca-Camaná versión Dakar en bici.

Salimos de Arequipa hacia el Pedregal en Carpio. Nos quedamos en la última parcela. Acomodamos la biclas, revisamos los frenos, llantas y a atravesar el desierto, no sin antes, preguntar a unos patas que estaban por ahí, sobre la carretera hacia Quilca. Cuánto me emocioné al oir su respuesta corta, directa y conocedora: ahí está la carretera y derechito llegan a Quilca.

Con la alegría de estar en la dirección correcta, empezamos la travesía. En el horizonte sólo se observaba arena, arena y más arena. Así llegamos prontamente a una especie de rancho al que se dirigió Vito para preguntar por la ruta. Nosotros nos quedamos cerca a una cruz que se dejaba ver desde muy lejos. Ya Jesús empezó a dar muestras de una terrible deshidratación, pues sudaba a cántaros. La respuesta que trajo Vito fue que siguiéramos la huella y así llegaríamos a nuestro destino. Reemprendimos la ruta y después de un buen trecho, avistamos a un caterpilar que estaba haciendo trabajos de nivelación. Preguntamos y creo que por no dejar de respondernos, nos dijeron que siguiéramos una huella de carro, que apenas se dibujaba en la tierra, y así llegaríamos a la carretera.




Con tan "certeras" señas seguimos el trajín. El terreno era completamente seco, arenoso y en gran parte cubierto por caliche, que hacía peligrosa la ruta, pues este material es tan duro y filoso que podía fácilmente cortar las llantas. El clima estaba aparente: nublado y fresco. Eran muchas las circunstancias por las que Jesús y Rafael se quedaban siempre atrás. Aquí ¡cuando no!, Jesús pincha llanta. Arreglamos el impase y a seguir. Así es como encontramos una huella de carro que apenas se distinguía y la seguimos. A lo lejos de veía, más bien se adivinaba una carretera y hasta allí llegamos. Era una buena guía para nuestro desorientado sentido de la vista. Así hemos seguido la huellita que a veces de perdía y a veces aparecía hasta llegar a un cauce seco de alguna avenida de agua de lluvia, tipo" lloclla". La seguimos y seguimos hasta que nos adentramos por una garganta de piedras, a un tremendo arenal sin fin. El sentido común nos hizo reaccionar, debido a que había otra huella de carretera que iba por encima nuestro y que al parecer, tenía más posibilidades de ruta que la anterior. Regresamos lo andado y nuevamente a pedalear.

Ya eran más o menos las once cuando a lo lejos vemos unos árboles (que realmente eran unos retoños, pero que con el calor disimulado que hacía, nos los hacía parecer tremendos árboles, porque realmente eso de los espejismos, se da en estas latitudes). Bueno pues, para llegar ahí tuvimos que salir de una especie de quebrada arenosa, empujando las bicis y seguir hacia el oeste en, que se supone se encuentran Quilca, la playa y el mar.

El trajín era el mismo: pedalear en la arena suelta, blanca y fina. La nubes ya tomaban un color negro y seguramente en nuestros espíritus, latía una desazón por no saber realmente hacia donde nos dirigíamos. Así es como salimos a la parte alta del arenal y después de mucho avanzar sin rumbo, realmente así fue, es que vemos a lo lejos, los árboles mencionados y mucho más lejos todavía, una camioneta que iba dejando una estela de polvo detrás suyo y que se dirigía, según nosotros a Quilca. Con el corazón latiendo por la emoción y con la alegría de no ser los únicos seres vivientes en estos lares, vimos cómo se acercaba más y más para llegar a una irrigación llamada "La Amistad". Nosotros también nos dirigimos hacia allí y preguntamos por la dichosa carretera que debería llevarnos a Quilca.

Nos dijeron que siguiéramos de frente hacia lo que parecían unos cerros a lo lejos, y que allí encontraríamos la carretera, que era fácil de ubicarla porque había huellas de carros y de motos. Que la siguiéramos hasta llegar a unas piedras en donde veríamos la bifurcación de la carretera. Que tomáramos el ramal de la derecha y que así llegaríamos al destino. Agradeciendo el dato nos dirigimos hacia el lugar indicado. Las palabras suenan muy precisas y hasta dan la sensación de estar refiriéndose a distancias pequeñas o por lo menos fáciles de culminarlas, pero no, las distancias de las que hablo son inmensas, desoladas, secas y sólo adivinables debido a lo monótono del paisaje, sin ningún punto de referencia. En el trayecto, Vito siempre de desviaba hacia el sur y aquí si: estábamos completamente perdidos, sin rumbo. Ya sería la una de la tarde y nos detuvimos a descansar. Empezó a soplar un viento helado que levantaba una fina arenilla. Tal era el cansancio que nos hemos quedado dormidos un buen rato. Cuando despertamos la situación era tal cual: no había norte, la topografía era la misma, el clima se estaba haciendo cada vez más frígido y oscuro. Yo, sinceramente, pensaba en dormir a campo abierto porque no veía esperanzas de llegar al destino. Pero me animaba de rato en rato, la seguridad de Vito de poder llegar al destino, la frialdad de Pedro de pensar en que hemos salido con un rumbo y que lo tendríamos que cumplir de todas maneras, la impasividad de Rafael de sentirse seguro con nosotros y la fuerza de voluntad que le pone Jesús en estos trances.




Se veían huellas de llantas por todos lados, pero que a las justas se dibujaban en la superficie, lo que hacía más difícil la ubicación de la carretara de marras que nos llevaría a buen puerto. Es así que llegamos a una vía, efectivamente ancha, bien marcada y bastante trajinada pero que de ruta carrozable no tenía nada, porque así habían muchas. Ahora para donde seguir. Aquí es donde se le prende el foquito al gorila y nos dice que esas huellas son las que han dejado los carros del Dakar que por allí habían pasado y era lógico porque la dirección era hacia Camaná y nosotros estábamos yendo hacia Mollendo. Tomamos la decisión de seguir esa ruta, en espera de Vito quién fue a buscar otra vía. Cuando regresó, seguimos hasta que llegamos a las famosas piedras que nos indicó el amigo. Yo creía que eran piedras, rocas, promontorios rocosos, etc pero no, eran simplemente "mojones" algo así como las apachetas que vimos rumbo a Lluta. Vito siempre empeñoso, pero solo, sin comunicar a nadie, siguió otra ruta paralela a la que haríamos momentos después. Pedro se orienta y recuerda las señas que nos dieron: las piedras. Yo (que sin saber estaba sobre la ruta correcta) le digo a Perico que por qué Vito se dirige por otra ruta ya que esta es más aparente de seguirla, y entonces, él viene y efectivamente concuerda que deberíamos seguirla, dado que estaban las piedras y había un desvío hacia la izquierda. Fue una buena decisión porque era la pista que tanto estábamos buscando. La hora 3 pm. A lo lejos se veían la nubes "camanchaca" que salín de no sé donde pero que hacían el ambiente frígido y húmedo.







Después de mucho rodar, Vito poco a poco se va acercando hacia el grupo y así seguimos y seguimos. La tarde ya era demasiado fría, húmeda y casi sin visibilidad. Vito lo que buscaba era la bajada hacia los acantilados de la caleta de Quilca. Así es como encontramos ya una buena trocha que nos indicaba que la bajada estaba cerca. Paramos, descansamos, nos abrigamos y empezamos a bajar. La trocha está bien descuidada y apenas la han trazado sobre la superficie de la tierra. No se ve que hayan hecho mayor trabajo con maquinaria pesada. La vía transcurre sobre tierra virgen, cenizas (como las de Molledo), laderas de cerros y la mayor parte sobre la cresta de las montañas, llena de cascote cortante. Así es como se va bajando ya hacia el litoral, pero no sin tener amagos de caídas y casi despistes en las curvas. Desde un lomo del cerro se distingue ya parte del valle de Quilca en el que el río se ha desbordado y arrasado grandes extensiones de tierras de cultivo. Llegamos (como digo siempre Vito, Pedro y yo) a casi la mitad de la bajada y esperamos a Jesús y finalmente a Rafael. Nuevamente a emprender la bajada y así es como arribamos sin problemas al pueblo de Quilca. Es un paraje muy pequeño, con un parque, iglesia moderna, municipalidad y alguna que otra casa. Descansamos un rato y nos dirigimos a Camaná, pasando por la caleta de Quilca, que es una delicia verla: es como una herradura de roca gigantesca que se abre para dejar pasar las aguas de mar en forma calmada e incansable y así formar un puerto para botes que se mecen al vaivén de las olas. Por esto de las lluvias, las aguas están completamente sucias, llenas de palos, totora y ramas. La gente nos miraba como animales raros por nuestras fachas y polvorientas pantalonetas. Es una caleta, tan "caleta" que el movimiento sólo lo dan los pelícanos y gaviotas que revolotean en busca de algún resíduo de pescado.

Ya en Camaná (7 pm) nos alojamos en un hotel limpio, cómodo, céntrico y económico. Nos aseamos y fuimos a comer. Recién vi como una sola persona se engulló medio pollo y casi litro y medio de gaseosa. Después de la cena que nos repuso del hambre, fuimos a pasear por La Punta que es todo un bulevard: discotecas, música, vehículos, chicas, trago, jolgorio y la tremenda propaganda para ver a las cuatro top model del momento: Delly, Adriana, Vanessa y la Luján. Nosotros estábamos en esa discoteca, pero en plan de refresco nada más. Así la pasamos sanamente con un pata de Jesús. Nos fuimos al hotel y a dormir. A dormir sí, pero con acompasados ronquidos de alta y baja frecuencia. Los autores Pietro y el lomo plateado. El susodicho no ronca, porque ya mi esposa me lo hubiera dicho.

Despertamos con el sol muy alto, así que ha ducharse se dijo: si el desfile de las modelos fue excelente, el de mis patas fue mucho más natural. Salían de la ducha por la pasarela (léase pasadizo de la ducha hasta el cuarto) simplemente en cueros, con una inocencia tal, que hasta el más nubil querubín quedaría ante ellos como una zapatilla. ¡Qué muchachones tan pendeivis!.

A tomar desayuno y hacia la playa. Jesús siempre con su costumbre, se quedó no sé hasta cuando en Camaná y los tres mosqueteros (porque Vito se regresó el mismo día sábado en la noche a Arequipa) regresamos a Camaná caminando desde la playa El Chorro (La Punta) hasta la entrada al pueblo, siempre por el litoral, y durante el trayecto la cámara fotográfica se ganaba con las tomas más espectaculares de la ninfas que salían de las bravas y salinas aguas marinas. Llegamos al pueblo, un acicalamiento, a almorzar, recoger las cosas y rumbo a la empresa para regresar a Arequipa.

Por qué Dakar? porque como esa competencia, nosotros tampoco hemos tenido carreteras, la hemos hecho a campo traviesa, al ojo, a la orientación al champún, porque no teníamos mapas ni GPS. Aquí bien vale el dicho: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" (pero me hubiera gustado ver al dichoso poeta, bicicletear o por lo menos caminar en esta zona).



Ciclojinetes del Team Inter, desde la izquierda: Luis Ochoa (a) Vito, Walter Amésquita (a) Guau, Rafael Córdova (a) Papá Peluche, Pedro Villena (a) La Pepa Y Jesús Valdivia (a) La Mona Hacendosa


Más fotos enviadas por Walter:


Arido desierto, extenso, deprimente....

Vito, se quedó dormido exponiendo sus partes nobles




Catedral de Camaná





Las ninfas y las bravas aguas salinas?


Hotel de Turistas de Camaná, situado a una cuadra de la Plaza


Para comunicarte con nosotros, escribe a: teaminter1984@gmail.com

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