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SETIEMBRE 02: CRUCE POCSI - QUEQUEÑA

Pensé que en esta ocasión no se animarían a salir muchos ciclistas, pues al margen de ser una ruta fuerte porque empezamos con la tremenda subida a Pocsi, luego íbamos a tener una bajada muy escabrosa, lo que posiblemente intimidaría a muchos ciclistas. Pero no fue así, salieron 24 ciclistas listos para agarrarse 60 km. de recorrido.

Después de Mollebaya, pueblo al que todos llegamos muy entusiasmados, nos enfrentamos a la subida que lleva a Pocsi. Aún recuerdo lo pesado que era ir por allí cuando la trocha estaba llena de tierra suelta como talco, piedras y huecos. Ahora sigue siendo pesada pero el camino está afirmado lo que ayuda mucho; no obstante, el sol y el calor pasa factura y uno siente que se va agotando.

En lo personal me estaba costando mucho subir, el sistema de cambios de mi bicicleta no funcionaba bien y tenía que hacer el doble de esfuerzo pedaleando, hasta que no pude más y tuve que parar para revisar la bici y ver qué evitaba hacer los cambios, pues la cadena saltaba tanto de los piñones como de los platos. Miraba todo y me sentía más perdido que Adán y Eva en el Día de la Madre, no sabía qué estaba mal.....

Felizmente que llegó Giancarlo y me dijo que posiblemente el problema estaba en el ajuste del cable en la palanca del timón. Hicimos las pruebas y..  qué bien!!! los cambios empezaron a entrar tanto de subida como de bajada. Un poco de agua para refrescar la boca y a pedalear que ya la gente estaba esperando en el cruce que lleva a Polobaya.


Ya en el cruce de Pocsi y Polobaya, 3 compañeros decidieron adelantarse y dos se regresaron por algunas actividades que tenían que cumpir. Luego de las fotos de rigor, y ya plenamente descansados, los que quedamos emprendimos el camino hacia la bajada a Quequeña. Dentro mío iba calculando mentalmente lo que tenía que hacer y lo que no tenía que hacer, pensaba en bajar lo más rápido posible sin miedo, sin dudas, pues de 5 veces que he ido por allí 4 me he caido, pero siempre quedo con el gusto de regresar y volver a hacer esa bajada.


Dramáticamente, esa cruz está al inicar la bajada. Siempre es necesario encomendarse y esperar la ayuda divina para que nuestras locuras no nos causen daño.

Antes de iniciar la bajada, con Pedrito decidimos dar algunas recomendaciones a los ciclistas nuevos para que bajen con precaución y no se piquen si alguno los pasaba. Mauricio y Miguel partieron velozmente mientras los demás estábamos en medio de la pequeña charla. Luego de ello, Elber se adelantó un poco para tomarnos algunas fotos. Inmediatamente partieron en la cabeza Pedro, luego Roberto, yo, detrás mío Mario y todos los demás ciclistas.

Sabía que Pedro y Roberto iban a dejarme atrás, pero yo no quería dejarme, así que partí con la convicción de mantenerme firme y concentrado en lo que iba a hacer. A poco de empezar, Elber, "Polquitos", nos está tomando fotos y antes de que me aleje, me pide que le haga algunas tomas. Así que caballero nomás paré y le tomé las fotos al amigo.

Lo malo que en ese tiempo me pasó Mario y Juan Carlos... y ahora pues... cómo hacer para pasarlos si el camino es estrecho.... Mario desapareció de mi vista, pero me mantenía detrás de Juan Carlos esperando algún error y zas!! lo pasé en un descuido metiéndome groseramente encima de unas piedras que parecían crestas de gallo. Traté de ver si Mario estaba delante, pero nada... igual seguí pedaleando con arrojo. En milésimas de segundo trataba de ver hacia adelante y ver cuál era el mejor camino para seguir y al mismo tiempo miraba por donde pisaba para sacar la bici en caso cayera en un hueco. Trataba de mirar más hacia adelante tratando de divisar a Mario y poco a poco empecé a tener su esplda cerca. Todo estaba me estaba yendo bien, yo reconozco mis limitaciones técnicas para bajar pero me estaba arriesgando y las cosas no iban mal.

De pronto en una curva encuentro a Roberto contestando el celular y me digo: pucha!, no están lejos entonces. Un poco más abajo alcanzo a Mario que había bajado el ritmo porque le dolían los brazos, según me dijo, pero eso me estimuló y sólo tenía en mente alcanzar a Pedrito.


Fue cuando las cosas se me empezaron a complicar, ya tenía a la vista a Pedrito y según me dijo él después, se sorprendió de verme a punto de alcanzarlo por lo que el hombre también aceleró para mantener su lugar. Una competencia que nunca se había declarado pero que íntimamente todos vivimos. A Pedro lo tenía a tiro de piedra, pero... empecé sentir un ruido atrás... era Gerald que me había alcanzado y quería pasarme. Por momentos me separaba de él y me alejaba un poco, pero al momento otra vez lo tenía cerca, sentía las ruedas de su bicicleta pasar encima de las piedras, su respiración en mi nuca... carajo!! no me voy a dejar pasar.... allá está Pedrito.... vamos Jaime... mejor entro por la izquierda porque por allá hay un bache grande.... mmm despacio por acá... asegura....

De pronto no recuerdo nada... y no es que haya perdido el conocimiento, lo que pasa es que no sé qué pasó.... Había levantado la vista para ver a Pedro en el momento que entraba una curva, dejé de ver delante mío, y pum!!!  hacia allá fui volando....

Pienso que por buscar a Pedro con la mirada y calcular la distancia que había entre ambos, no me fijé que mi llanta delantera cayó en un hueco, la bicicleta se plantó y... Jaime volando.....

Sentí un fuerte dolor en la mano izquierda y otro en el dedo medio de la mano derecha. Me quedé unos segundos tirado, sorprendido, no entendía lo que había pasado. Gerald que estaba pegado detrás mío botó su bicicleta y se acercó a auxiliarme. Sentí temor en su voz cuando me preguntó si estaba bien. Eso me despabiló, me ayudó a levantarme cuando le dije que estaba bien. Me dijo que había caido bien fuerte. Vamos!!, le dije, vamos... al levantar mi bicicleta sentí el dolor en mi mano izquierda, pero no dije nada, quería seguir... quería seguir.... lo estaba disfrutando. Pasa adelante, le dije, y continuamos bajando rápidamente hasta un pequeño descanso donde nos esperaban Mauricio y Miguel. Pedro había seguido de largo hasta Quequeña.

Allí decidimos esperar a que terminaran de bajar todos. Sobre todo, estábamos esperando a Andrea que era la única mujer del grupo. Excepto José que estaba acalambrado, todos llegaron bien. El problema para mí fue que por esperar me fui enfriando y la mano me dolía cada vez más. Cuando reiniciamos el camino, definitivametne me quedé al último porque la vibración del camino, aún escabroso, me hacía doler.

Elber

Pedrito

Cuando paramos en Quequeña, ya me dolía fuerte la mano, inclusive la última bajada la hice muy despacio porque la vibración me hacía doler la mano izquierda, motivo por lo que me quedé al último en el regreso a Arequipa, lo bueno de ello fue que encontré a José que estaba camiando, acalambrado nuevamente, así que le conseguí una camioneta que lo remolcara hasta Arequipa y yo seguí pedaleando.


En la subida que lleva al penal, quise poner los cambios en lo más suavecito para no tener que jalar del timón, pero de pronto...... track!!, sentí un fuerte golpe y el desviador en medio de los rayos de mi llanta posterior... erda!!! sobre piedras palos.

Mauricio regresó a auxiliarme y frente al penal desarmó el desviador, lo que estaba roto era el ancla que sujeta el desviador al cuadro. Conseguí una camioneta que felizmente me dejó en la puerta de mi casa, pero ya a esa hora la mano no podia sujetar nada. Al bañarme sólo el suejtar el jabón me causó dolor. Así que me cambié y al hospital. Radiografías y no tenía nada roto, ni fisuras, sólo el golpe, así que me inyectaron Diclofenaco, me recetaron Indometacina, una frotación y...

Si, la caida ha sido fuerte, pero estoy listo para hacer otra vez esa bajada y si es posible más rápido para alcanzar a Pedrito y que no me pase Gerald.... No es que sea un experto bajando, no es que me haga el valiente y quiera dar una imagen que no soy, pero soy ciclista de montaña y me gusta serlo. Me gusta buscar superar mis limitaciones, alcanzar retos...

Aquí estoy yo, Jaime, y detrás mío Mario, posando para la foto de Elber

Elber


En primer plano Juan Carlos y detrá de él está David

Andreíta

Félix el "Cóndor"

Javier Espina. Amigo y compañero natural de Bilbao - España, que está por estas tierras brindándonos el honor de su compañía. Siempre con una sonrisa

Alfredo





Al final de la ruta José quedó algo acalambrado, pero inmediatamente fue auxiliado por "Polquitos" quien le ayudó con algunos masajes y estiramientos. La solidaridad del grupo en toda su expresión.


Para comunicarte con nosotros, escribe a: teaminter1984@gmail.com

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