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Diciembre 28 y 29: La Punta de Bombón

Este fue nuestro último viaje del año 2013, el cual esperábamos con mucha expectativa porque en esta oportunidad, nos íbamos a la playa en un recorrido de casi 150 kilómetros.

Los 19 participantes fueron:

01.- Franziska Mitzschke         02.- Hans Niño de Guzmán
03.- Victor Bernedo                04.- Dante Guzmán
05.- Jaime Virrueta                 06.- César Del Carpio
07.- Daniel Choque                08.- Abraham Choque
09.- Walter Amésquita           10.- Rafael Córdova
11.- Percy Flores                    12.- Victor Puma de la Torre
13.- Luis Escobar                   14.- Edson Febres
15.- Alonso Huerta                 16.- Miguel Zapata
17.- José Luis Rodriguez         18.- Manuel Carpio

Y la muy importante participación de William Zegarra que nos acompañó en camioneta brindando todo el apoyo respectivo.


En San José, tomando desayuno

En la Base aérea de La Joya, reagrupándonos

Reagrupándonos antes de iniciar el descenso al Fiscal

En el restaurante "El Tambo de Oro", esperando el almuerzo, eras las 12.30 del mediodia

Así se come.... car...

Panchita, dándole curso a su tortilla de verduras

Un rico bisteck completo....  a lo pobre...

En Cocachacra

En Santa María, antes de La Punta

Comiendo Sandía en Santa María

Harry Potter, tomando desayuno el día domingo

En el mercado de La Punta, desayunando

Allá vamos, hacia el mirador del Cristo Blanco


La Punta de Bombón, desde el mirador

Ultimas horas del domingo, en la playa


CRONICA DE WALTER AMESQUITA
La ruta es la que termina el año pedalístico del team Inter. La hicimos más o menos 20 pedaleros. Salimos del by pass de la Dorada a la 6.00 a.m por la espera de siempre. La primera llegada sería en San José que la hicimos sin muchos contratiempos. Una vez llegados a esta primera etapa, descansamos y nos servimos algunos alimentos para reponer las fuerzas. Nos cayeron a pelo unos sanguchitos de lomo saltado con su huevo frito y un café. Aquí es donde empezaron las pinchadas. Mientras descansábamos, los hermanos Corioto (así los bautizaron) se pusieron a parchar y con la ayuda de algunos, lo hicieron bien.

Empezamos la segunda etapa de la ruta: San José - Base aérea. Bueno la ruta no es tan matadora porque es pista y plano el terreno. Es así que llegamos a la base en donde nos ganamos un pase: está prohibido tomar fotos y hasta detenerse frente a la base, porque si no, nos meten bala. Después de un converse con la dama-soldado que nos llamó la atención, emprendimos la ruta. La futura parada sería en El fiscal. Aquí la ruta ya es un poco pesada, caliente y monótona, porque sólo se ven arena, la cinta asfáltica, los cerros y el horizonte que cada vez es más lejano. Otro problema eran los carros, de todo tipo que nos pasaban y nos hacían tambalear por la fuerza del viento que nos "jalaba". 

Así llegamos a la antigua y ahora destruída estación ferrocarrilera de Huagri y de ahí, se venía la primera gran pampa. El calor era muy fuerte que deshidrataba a la gente.

Terminada esta parte, empieza la otra pampa que la fuimos terminando poco a poco hasta llegar a la entrada de Cachendo. Arribamos a este punto y vemos llegar una patrulla de carreteras de donde se baja Dante, quien había pinchado y lamentablemente sus cámaras de repuesto no tenían el pitón. Él, con su consabida pericia y calma, hizo entrar en su aro (que era de bicla pistera) mi cámara de montañera. Ahí me acordé de mi mamá cuando decía: "el templo entra en la sacristía" aludiendo al hecho de querer ponerse unos zapatos nuevos cuando la persona era patona. El hecho es que así fue y una vez armada la llanta, le echó aire y sin problemas hasta La punta.

Llegamos al Fiscal y ahí nos dimos el atracón con el consabido almuerzo: el famoso lomo a lo pobre. Una fiesta de sabores, olores, colores, texturas de los alimentos rebozantes de aceite.

La sobre mesa nos llevó un buen tiempo. Reemprendimos el viaje y así llegamos a Cocachacra. El asunto fue que, despuntamos: Hans, Víctor, Dante, Jaime y Yoni rumbo a Cocachacra y al llegar a la última curva, me quedé un poco. Cuando llego al pueblo veo a un pata que estaba sentado en la vereda y le pregunto por unos ciclistas y el desventurado me dice que ya pasaron, lo que para mí era lógico. Seguí tras ellos, pero nunca los alcancé ni los vi. Los condenados habían entrado a la plaza de Cocachacra a tomarse fotos. ¿De cuándo acá?

Desesperado por darles alcance, seguí y seguí hasta que llegué a La Punta. Fui a la empresa a ver se estaban por ahí y nada. Entonces separé los pasajes y regresé a la calle principal a esperar. Después de casi media hora, llega al punto Alonso a quien le pregunto por los que salieron del Fiscal conmigo y me dice que están atrás. No podía creerlo. Al rato llegan con la camioneta por delante, todos tranquilos. Bueno, a mal tiempo buena cara: yo había llegado primero al pueblo.


Buscamos  el hotel que nos acogió el año pasado pero estaba en arreglo para la campaña veraniega. Conseguimos uno, tal vez de mejor calidad, presentable, higiénico y a buen precio. Nos instalamos y a la playa. Mientras unos  nos regábamos internamente con la chelita, otros se refrescaban en las tibias aguas oceánicas, contemplando a las aves que hacían sus piruetas aéreas. De pronto ¡oh sorpresa! aparece Rafi empujando la cleta directamente hacia el grupo. Era que había salido de Arequipa, dice, a la 8 a.m y que nos fue siguiendo los pasos porque en cada punto de la carretera que preguntaba, le decían que estábamos muy cerca. Nos dió mucha alegría verlo y se integró a la farra.

Salimos de la playa ya de noche y como es sabido, la ruta de regreso al pueblo es oscura. Habían unas linternas que en algo paliaban la situación. Bueno, casi en penumbra es que llegamos al pueblo. Siguiente paso: a comer. Lo hicimos todos, creo, en una pollería en la que nos sirvieron un cuarto de paloma (según la vendedora era pollo) y después de darle buen fin al plato, nos retiramos con rumbo a la plaza del lugar. Allí corrieron algunos tragos y finalmente nos fuimos al telo.

La noche fue, para mí, tranquila, reparadora y serena.

Al día siguiente, algunos nos adelantaron y se fueron a desayunar. Al final fuimos otros al mercado y allí nos encontramos. El menú era muy variado: pescado frito, ceviche, caldos de lomo, pollo, gallina, saltado que eran regados por jugos de papaya y piña.

Después del papeo matinal, nos dirigimos al Cristo Blanco, donde llegamos extenuados por lo parado de la pista, especialmente quienes por primera vez, lo hicieron. Unas fotos al pie del Cristo con el mar de fondo, lo mismo que la campiña. A lo lejos se podían ver los templos de BomBon y Catas que serían nuestros próximos destinos. Bajamos embalados y nos dirigimos a Catas, con la esperanza de encontrar a una chica que el año pasado nos atendió muy bien y que sobre todo, nos dejó una buena imagen de cómo debe ser una chica con los viajeros: franca, collera, cariñosa, etc. A la ida, rumbo al estuario del río, pasamos por su negocio y no estaba. Un poco desesperanzados seguimos hacia el río. Este año no entró ,pero siempre es bonito el lugar porque se pueden ver a las aves del lugar y a las migrantes.

De regreso, nuevamente pasamos por Catas y ¡maravilla! encontramos a la mujer por la que habíamos sufrido tanto: allí estaba Carlita. El encuentro fue muy hermoso, cariñoso y casi hasta las lágrimas, especialmente de Jaime, porque  en todo el viaje decía que quería "darla" a Carla (sólo es por rima) un gran abrazo y beso.
Nuevamente, la chica en mención nos demostró que es collera, pata, de arranque porque, ante los subidos piropos que le hacían, ella igual respondía. No fue en vano el viaje hacia Catas. Nos servimos una chelas negritas al polo. Francisca (Panchita) no se quedó atrás y nos invita unos alfajores, que estaban para doblar o para chuparse los dedos.
Tuvimos que decirle adiós a Carla y nos sacamos unas fotos, y después de darle el correo, el teléfono, la dirección y no sé que más a Colibrí, nos despedimos. Después de los besos de rigor y casi llorando, partimos rumbo a La punta no sin antes, prometerle que al año siguiente, vendremos a verla.


Fin de la historia y ya estábamos en La Punta. Nos dirigimos a la playa. Pero antes pasamos por el hotel para sacar una sandía, que la noche anterior, Hans la había emborrachado con pisco para que macere. Rafi fue el encargado de transportar la mencionada fruta y lo hizo en una mochila que, por el peso, lo tenía tieso sobre la montura.

Así llegamos a la playa y a bañarse se dijo.  Mientras tanto abrieron la sandía que resumaba pisco. Cada uno con su respectiva tajada y a comer  o, a  ¿chupar?.Muy interesante la combinación del coctel. El sol va calentando más el ambiente playero y creo que también se calentaba la sangre con la sandía.

LLegó la hora de partir hacia nuestro terruño y de acuerdo a la hora que sacaron el pasaje, fueron desfilando los cleteros hacia la empresa.

Como la malas noticias son la que llegan primero, parece que todos hemos llegado bien a nuestros hogares.

Chau

FOTOS DE FRANCISCA MITZSCHKE


El sábado regándonos con unas negritas






El día domingo, comiendo sandía....

FOTOS DE PERCY FLORES

En El Fiscal, listos para darle curso al almuerzo...

El Río Tambo



Cocachacra


En Santa María, comiendo Sandía

En la Playa!!!!


Atardecer en La Punta de Bombón

Día domingo en Catas

En el delta del rio Tambo


Disfrutando las olas en la playa

FOTOS DE LUIS ESCOBAR






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